|
|
El barraquismo, un fenómeno urbano de primera magnitud acaecido en Barcelona
desde principios del siglo XX y prácticamente hasta los Juegos Olímpicos,
creó una auténtica «ciudad informal» junto a los núcleos antiguos, el Eixample y
las diversas formas de crecimiento de la periferia urbana. Esta ciudad informal se
extendió por la montaña de Montjuïc, el frente marítimo, algunos espacios intersticiales
del propio Eixample y las colinas que rodeaban la ciudad.
Montjuïc, El Somorrostro o El Carmel pasarían a ser nombres míticos que
todavía hoy perviven en el imaginario de la ciudad por la dureza de las condiciones
de vida de sus habitantes y porque a menudo se convirtieron, en tiempos
de crecimiento sin democracia, en banco de pruebas de movimientos asistenciales,
sociales y vecinales. Unos movimientos que en los años sesenta y setenta se
trasladaron a los grandes polígonos del extrarradio, donde fueron realojados la
mayoría de sus habitantes, quienes tuvieron que luchar de nuevo por conseguir
unos equipamientos y servicios que no llegaban. En esta larga lucha por la ciudad
y por la ciudadanía se encuentra una de las claves del notable peso de los movimientos
urbanos en la transición hacia la democracia.
Muy distinto fue el ambiente de los últimos núcleos barraquistas, en los años
ochenta, de carácter mucho más marginal y con no pocas barracas ocupadas por
familias procedentes de otros núcleos ya desalojados: la gran precariedad social
de sus habitantes, y más en tiempos de crisis económica, obligó a una difícil
búsqueda de otras vías de solución, no siempre satisfactorias.
El estudio histórico del fenómeno cobra importancia no sólo a la hora de abordar
la trayectoria y hacer balance del siglo XX en Barcelona, sino también a la hora
de estudiar los procesos históricos de crecimiento urbano informal en todo el
mundo. Ambos aspectos serán ampliamente tratados en el programa de conferencias
y debates relacionados con la exposición, a partir del mes de octubre.
|